Leyenda corta el rollo de fotos

Chucho se hizo aficionado a la fotografía desde pequeño, pues cerca de su casa había un estudio fotográfico. Es decir, el típico lugar donde acuden novios, quinceañeras etc. para poder guardar esos momentos cumbres de su vida en imágenes.

Gracias a su ingenio rápidamente se hizo amigo del dueño del local, quien le permitía observar de cerca los distintos tipos de lentes que existían, las ampliadoras de imagen y los ácidos que se usaban para el revelado.

Leyenda corta el rollo de fotos

Cuando se hizo mayor, Jesús quien había ahorrado cierta cantidad de dinero, rentó un pequeño local y se dispuso a montar el poco equipo que tenía. Entre las cosas viejas que logró rescatar de los “mercados de pulgas”, había una cámara réflex de metal.

Usando una moneda, logró abrir el compartimiento donde se alojaba la pila, pues se trataba de un dispositivo semiautomático. Una cosa que le llamó la atención fue que en el interior de la cámara, aparentemente aún había un rollo de 35 mm.

Encendió la luz roja de la habitación y con sumo cuidado enrolló la película en el carrete y después la sacó del dispositivo.

Preparó los químicos para el revelado, con la esperanza de que alguna de las fotos aún fuera visible. De las 24 fotos que había, más de la mitad estaban veladas o mal tomadas. Sin embargo, el negativo número 23 lo dejó atónito, pues en esa imagen se podía ver al viejo dependiente del local en el que Chucho laboró cuando era joven.

El hombre llevaba puesta una túnica y capa de color negro y de su boca salían un par de filosos colmillos, como si hubiera sido un vampiro.

Pero… ¿Cómo podía ser un vampiro si trabajaba de día? Sencillo, unas leyendas cortas de vampiros nos dicen que estas criaturas no soportan la luz del sol, pero también hay otras historias en las que vemos que sólo se les puede dar muerte con una estaca.