Cuento corto el sandwich de jamón

Cuento corto el sandwich de jamón

Todas las mañanas me levantaba para ir a trabajar a la fábrica en donde era parte de una línea de producción. Mi trabajo consistía en pasar los productos terminados a una segunda banda para que estos fueran enviados a la empaquetadora.

Había veces que la situación era tan mala que no me alcanzaba para llevar algo para almorzar. A la hora del descanso me sentaba con mi amigo Gabriel quien siempre llevaba una lonchera con su desayuno.

Cuando yo llevaba algo de comer, dejaba que él me invitara algo de sus alimentos, pues compartíamos los dos la comida. Sin embargo, cada que mi lonchera estaba vacía, le daba una excusa para no comer.

Un día mientras estábamos desayunando, a Gabriel lo llamó el supervisor para que lo ayudara en una tarea especial. Mi amigo se volteó a verme y me dijo:

– Te encargo estas dos cosas; mi libro de cuentos cortos y mi lonchera. No confío en nadie más para dejárselos.

– Conmigo estará seguro tu almuerzo. Le contesté.

En cuanto se alejó, mi estómago comenzó a rugir y mi conciencia me decía que me comiera lo que había en la lonchera. A fin de cuentas, podía disculparme con lo que dice el dicho “Es más fácil pedir perdón que pedir permiso”.

Levanté la tapa de la lonchera y vi que había un termo con café, una manzana madura y un sandwich de jamón con queso envuelto en una servilleta. Era el emparedado más apetitoso que había observado en los últimos tiempos. Tenía todo lo necesario para convertirlo en un manjar. Rodajas de tomate y un toque de mayonesa.

Lo tomé suavemente con ambas manos, pero en el instante en el que estaba a punto de morderlo, me detuve al pensar que eso traicionaría la confianza de mi amigo. Entonces, acomodé las cosas como estaban y esperé a que Gabriel regresara.

Cuando volvió abrió su lonchera y sin decirme nada partió el sandwich a la mitad y me la dio sin que yo se la pidiera. Al traicionar la confianza de un amigo nos traicionamos a nosotros mismos.